lunes, 19 de julio de 2010

El sueño de los bebés

Durante el sueño vamos pasando ciclicamente de la fase REM, caracterizada porque se observan movimientos oculares bajo los párpados, muecas que parecen sonrisas, respiración más superficial y un sueño más ligero y superficial, a la fase no REM, en la que la respiración es máNegritas profunda y pausada, la musculatura está más relajada y el sueño es más profundo y tranquilo.
Todas las personas experimentamos una serie de despertares durante la noche, especialmente, durante el sueño REM o superficial, pero no somos conscientes de ellos y nos quedamos de nuevo dormidos rápidamente. Los recién nacidos tienen un 50% de sueño REM, sus ciclos de sueño son más breves y sus despertares más numerosos. A los tres años se tiene un 33% de sueño REM y en la adolescencia y edad adulta se pasa a un 25%. Parece que durante el sueño REM o ligero el cerebro es capaz de recibir estímulos a través de los sentidos,de esta manera se estimula el desarrollo y la madurez cerebral del niño.
Así, se considera normal que los niños se despierten 4 ó 5 veces durante la noche, muchos se vuelven a dormir solos, pero otros, necesitan comprobar que la madre o el padre están ahí, que no les han abandonado, o necesitan que les ayuden a volver a conciliar el sueño (meciendoles, mamando, con el chupete...).
Además, los recién nacidos se despiertan porque necesitan mamar o porque están sucios, a menudo tienen cólicos, y no saben diferenciar el día de la noche. Poco a poco irán separando las tomas, su intestino madurará, desaparecerán los cólicos y dormirán más durante la noche, pero es frecuente que se despierten a menudo durante los tres primeros meses.
Hacia los 8 meses se inicia la etapa de la angustia de la separación y es frecuente que los bebés incrementen sus despertares porque necesitan saber que su madre está cerca, que les va a atender y cubrir sus necesidades. En esta época, también pueden sumarse molestias como las de la erupción de los dientes.
Cualquier hito en el desarrollo psicomotriz del niño (sentarse, gatear, caminar...), alteran a muchos bebés que quieren practicar sus nuevas habilidades tanto de día como de noche.
A partir del año y medio suele empezar la etapa de las pesadillas que no dejan dormir al niño a gusto.
Tambien hay que pensar en que cualquier cambio en la vida cotidiana del bebé va a influir en sus noches, como cuando la madre vuelve al trabajo, cambio de canguro o en la guardería, fin de la lactancia, inicio de la comida con sólidos...
Cuando el niño tenga problemas con el sueño, es conveniente que nos observemos a nosotros mismos para ver qué le estamos transmitiendo de nuestros conflictos de la vida diaria, y pararnos para tranquilizarnos, porque lo que vivimos emocionalmente, lo transmitimos al niño.
También nos puede ayudar establecer una rutina en la hora de dormir, realizar actividades que le ayuden a entender que llega la hora del sueño y no realizar juegos estimulantes en unas dos horas previas a la hora en que queramos que el bebé duerma. Durante las tomas nocturnas procuraremos que apenas haya luz ni otros estímulos.
FELICES SUEÑOS...

jueves, 8 de julio de 2010

Otra manera de entender por qué el contacto físico y la cercanía a los padres calman al bebé.

Además del cuerpo físico que todos podemos ver y palpar, tenemos un cuerpo energético, perceptible solamente para personas con especial sensibilidad y entrenamiento. La energía vital recorre nuestro cuerpo a través de canales energéticos similares a los vasos sanguíneos o las vías nerviosas. Esta energía se acumula en los chacras que son centros situados a lo largo de nuestra columna vertebral, desde la coronilla hasta el periné. Desde cada chacra la energía sale distribuyéndose por todo el cuerpo y alrededor de éste, formando varias capas por encima de nuestro cuerpo físico y creando así el cuerpo energético.
Cuando el bebé nace, su cuerpo energético no está del todo desarrollado y es inmaduro, por lo tanto al niño le falta la protección de éste. Son los cuerpos energéticos de los padres los que le protegen hasta que el niño va creando el suyo propio. De cada chacra, de la madre primero y posteriormente del padre, surge una conexión hasta cada chacra del niño.
El cuerpo energético del niño va a ir aumentando día a día y cada vez protege más al niño de influencias negativas, y es aproximadamente a los siete años cuando ya está formado.
No es de extrañar entonces que cada vez que el bebé está lejos de los padres se sienta inseguro, y ésta es otra manera de entender por qué el contacto físico y la cercanía a los padres (el simple hecho de estar en la misma habitación) calman al bebé.