jueves, 8 de julio de 2010

Otra manera de entender por qué el contacto físico y la cercanía a los padres calman al bebé.

Además del cuerpo físico que todos podemos ver y palpar, tenemos un cuerpo energético, perceptible solamente para personas con especial sensibilidad y entrenamiento. La energía vital recorre nuestro cuerpo a través de canales energéticos similares a los vasos sanguíneos o las vías nerviosas. Esta energía se acumula en los chacras que son centros situados a lo largo de nuestra columna vertebral, desde la coronilla hasta el periné. Desde cada chacra la energía sale distribuyéndose por todo el cuerpo y alrededor de éste, formando varias capas por encima de nuestro cuerpo físico y creando así el cuerpo energético.
Cuando el bebé nace, su cuerpo energético no está del todo desarrollado y es inmaduro, por lo tanto al niño le falta la protección de éste. Son los cuerpos energéticos de los padres los que le protegen hasta que el niño va creando el suyo propio. De cada chacra, de la madre primero y posteriormente del padre, surge una conexión hasta cada chacra del niño.
El cuerpo energético del niño va a ir aumentando día a día y cada vez protege más al niño de influencias negativas, y es aproximadamente a los siete años cuando ya está formado.
No es de extrañar entonces que cada vez que el bebé está lejos de los padres se sienta inseguro, y ésta es otra manera de entender por qué el contacto físico y la cercanía a los padres (el simple hecho de estar en la misma habitación) calman al bebé.

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