
Sentada o recostada de medio lado, sobre todo cómoda, cierra tus ojos suavemente y pon atención a tu respiración. Siente como el aire roza suavemente la punta de la nariz al entrar y al salir. Deja que tu ritmo respiratorio sea espontáneo, no fuerces la entrada de aire, espera a que tu cuerpo comience a coger aire y a expulsarlo. Tú, simplemente, observa como tu cuerpo respira, sin prisa, con gusto. Cualquier pensamiento que venga a tu mente, déjalo para otro momento y vuelve a centrar tu mente en observar como el aire entra y sale suavemente. El aire que entra te llena de oxígeno y vitalidad, saboréalo, deléitate en la sensación de tener cada célula de tu cuerpo oxigenada. Al expulsar el aire imagina que tu cuerpo se afloja y se relaja. Mantente concentrada durante unos minutos, simplemente respirando, disfrutando de tu respiración y del descanso de tu cuerpo. Cuando decidas terminar, realiza una respiración amplia y profunda, comienza a mover los dedos de las manos y los pies, estírate con gusto, desperézate y abre los ojos.
Reliza esta práctica a diario, de esta manera te liberarás de tensiones y "acumularás relax"para cuando lo necesites. El bebe y tú os beneficiareis de esta práctica.
¡Que seáis felices!
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