s profunda y pausada, la musculatura está más relajada y el sueño es más profundo y tranquilo.Todas las personas experimentamos una serie de despertares durante la noche, especialmente, durante el sueño REM o superficial, pero no somos conscientes de ellos y nos quedamos de nuevo dormidos rápidamente. Los recién nacidos tienen un 50% de sueño REM, sus ciclos de sueño son más breves y sus despertares más numerosos. A los tres años se tiene un 33% de sueño REM y en la adolescencia y edad adulta se pasa a un 25%. Parece que durante el sueño REM o ligero el cerebro es capaz de recibir estímulos a través de los sentidos,de esta manera se estimula el desarrollo y la madurez cerebral del niño.
Así, se considera normal que los niños se despierten 4 ó 5 veces durante la noche, muchos se vuelven a dormir solos, pero otros, necesitan comprobar que la madre o el padre están ahí, que no les han abandonado, o necesitan que les ayuden a volver a conciliar el sueño (meciendoles, mamando, con el chupete...).
Además, los recién nacidos se despiertan porque necesitan mamar o porque están sucios, a menudo tienen cólicos, y no saben diferenciar el día de la noche. Poco a poco irán separando las tomas, su intestino madurará, desaparecerán los cólicos y dormirán más durante la noche, pero es frecuente que se despierten a menudo durante los tres primeros meses.
Hacia los 8 meses se inicia la etapa de la angustia de la separación y es frecuente que los bebés incrementen sus despertares porque necesitan saber que su madre está cerca, que les va a atender y cubrir sus necesidades. En esta época, también pueden sumarse molestias como las de la erupción de los dientes.
Cualquier hito en el desarrollo psicomotriz del niño (sentarse, gatear, caminar...), alteran a muchos bebés que quieren practicar sus nuevas habilidades tanto de día como de noche.
A partir del año y medio suele empezar la etapa de las pesadillas que no dejan dormir al niño a gusto.
Tambien hay que pensar en que cualquier cambio en la vida cotidiana del bebé va a influir en sus noches, como cuando la madre vuelve al trabajo, cambio de canguro o en la guardería, fin de la lactancia, inicio de la comida con sólidos...
Cuando el niño tenga problemas con el sueño, es conveniente que nos observemos a nosotros mismos para ver qué le estamos transmitiendo de nuestros conflictos de la vida diaria, y pararnos para tranquilizarnos, porque lo que vivimos emocionalmente, lo transmitimos al niño.
También nos puede ayudar establecer una rutina en la hora de dormir, realizar actividades que le ayuden a entender que llega la hora del sueño y no realizar juegos estimulantes en unas dos horas previas a la hora en que queramos que el bebé duerma. Durante las tomas nocturnas procuraremos que apenas haya luz ni otros estímulos.
FELICES SUEÑOS...
